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El difícil equilibrio entre atención y coste sanitario

Desde que se iniciara la crisis económica en 2008, su repercusión en los sistemas sanitarios sigue teniendo implicaciones para las finanzas públicas. Además, como los gobiernos han pretendido ahorrar de manera cortoplacista, hemos visto enormes reducciones en el gasto en salud en todo el mundo, lo que ha provocado consecuencias, tanto a corto como a largo plazo.

Un informe de la OMS y del Grupo del Banco Mundial de 2015 muestra que 400 millones de personas no tienen acceso a servicios de salud esenciales y que el 6% de las personas en países de renta media y baja caen en la pobreza extrema o se ven empujados aún más hacia ella a causa del gasto en su salud personal. Sin embargo, “como la salud tiene un valor en sí misma, además de ser una condición previa para el progreso económico, las mejoras en las condiciones de salud y económicas se fortalecen entre sí”, sostiene.

El informe de la Comisión Lancet “Salud global 2035: un mundo convergiendo en el lapso de una generación” aboga claramente, en términos económicos, a favor de una mayor priorización de la salud por parte de los ministros de economía al afirmar que “los retornos de las inversiones en salud son impresionantes. La reducción de las tasas de mortalidad asciende aproximadamente al 11% del  crecimiento económico reciente en los países de renta baja y media, según se aprecia en su renta nacional”.

Asimismo, el informe señala que el empleo en el sector de la salud puede fortalecer las economías locales. “La fuerza laboral sanitaria tiene un tamaño significativo y en ella hay muchas mujeres  contratadas. En consecuencia, contar con enfermeras bien formadas es positivo para la salud económica de un país”.

Escasez de profesionales 

EnfermerasPara 2030, la Organización Mundial de la Salud prevé una carencia de 10,1 millones de profesionales sanitarios cualificados —enfermeras y médicos—. La escasez de personal de salud cualificado, incluidas las enfermeras, se sitúa como uno de los mayores obstáculos para la eficacia de los sistemas de salud. La inversión en personal sigue siendo reducida y las proyecciones sobre el futuro demuestran que los países de renta baja tendrán que afrontar una brecha cada vez mayor entre la oferta y la demanda de trabajadores de salud. Cada vez hay menos expectativas de que los países ricos y pobres, por igual, consigan ser autosuficientes a nivel nacional para gestionar la oferta y la demanda de su país en materia de recursos humanos para la salud realizando una planificación adecuada al respecto.

La escasez de enfermeras impide la eficacia del sistema

En la mayoría de los sistemas de salud, la partida dedicada al personal sanitario representa aproximadamente el 70% del gasto recurrente. Sin embargo, cabe recordar que no es posible tener un sistema de salud fuerte sin personal sanitario que ofrezca buenos resultados. En otras palabras, no se puede lograr que la población esté sana sin invertir en la fuerza laboral sanitaria.

Como destaca el Consejo Internacional de Enfermeras, “cada vez hay más evidencia de que, además del beneficio económico de mantener a las personas sanas, las inversionesen personal de salud pueden tener repercusiones positivas en el desarrollo socioeconómico. Tenemos que transformar la forma tradicional de considerar el personal de salud como un coste o gasto recurrente para pasar a considerar la inversión en él como una estrategia para lograr la salud para todos y lograr el crecimiento de las economías creando puestos de trabajo cualificados en el sector público”.

Desarrollo sostenible

En la actualidad, se reconoce en todo el mundo que, independientemente de la naturaleza de los retos, seguir centrándose en garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades es fundamental para el desarrollo sostenible. Como explican desde el CIE, “la necesidad de sistemas de salud fuertes y resilientes, con capacidad para responder a los cambios rápidos, se encuentra en el corazón de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas”.

Enfermeras bien formadas son positivas para la economía

 Para el máximo representante de las enfermeras a nivel mundial, “el Objetivo de Desarrollo Sostenible 3, Garantizar vidas saludables y promover el bienestar para todos, en todas las edades, es fundamental para la consecución de los demás ODS. La cobertura sanitaria universal no implica únicamente llegar a todos los necesitados, sino también prestar servicios de salud de calidad centrados en las personas, lo cual requiere un sistema sanitario que funcione bien, con un número suficiente de trabajadores de la salud, bien formados y motivados”.

De hecho, muchos de los países que han tenido dificultades para lograr los ODM padecen carencias y una distribución inadecuada del personal sanitario.

Situación en España

Podría pensarse que toda esta situación no se da en un país como el nuestro. Sin embargo, para Máximo González Jurado, presidente del Consejo General de Enfermería, España, “pese a contar con la mejor regulación académica de los profesionales de enfermería a nivel mundial, presenta unos desequilibrios, por la escasez de enfermeros, que comprometen la viabilidad del sistema sanitario y la seguridad en la atención a la población”. “Analizando cuáles son las necesidades asistenciales de una población cada vez más envejecida y cuál es la realidad de la profesión se demuestra que ambas variables son incompatibles a día de hoy”, añade.

Se ha intentado salir de la crisis a costa de la enfermería

Según los datos del Estudio sobre Recursos Humanos Sanitarios en España y la Unión Europea del Gabinete de Estudios del Consejo General de Enfermería, hacen falta casi 130.000 enfermeras para llegar a la media europea. Sin embargo, “la respuesta de nuestros gestores ante este déficit no ha sido tratar de paliarlo, sino optar por destruir aún más puestos de trabajo para intentar salir de la crisis económica a costa de nuestra profesión: se han despedido nueve enfermeras por cada médico en la crisis y hay comunidades, que rompiendo cualquier principio de equidad en el Estado, tienen tres veces más profesionales de enfermería que otras”.

El personal sanitario no debe ser un gasto sino una inversión

El presidente de la Organización Colegial ha sido tajante en su diagnóstico: “Todos los datos y estudios científicos avalan que en nuestro país convive un llamativo superávit de médicos, junto con un dramático déficit de enfermeras. Situación muy preocupante, sobre todo en un contexto de creciente envejecimiento, cronicidad y dependencia en el que estamos abocados a un nuevo paradigma sanitario basado en el “cuidar” y no sólo en el “curar”.

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 Además, existen investigaciones que demuestran, con evidencia científica, que “la reducción de 8 a 4 en el número de pacientes que atiende una enfermera –añade– implica 5 vidas salvadas por cada mil pacientes sometidos a cirugía y, por el contrario, la saturación de la carga asistencial se traduce en un incremento del 14% en el riesgo de fallecimiento en 30 días para cada paciente. En insuficiencia cardíaca, por ejemplo, se puede disminuir un 70% la estancia hospitalaria cuando se implanta la enfermera gestora de casos. El número de enfermeras y su rol influye en el devenir del sistema y en la salud de los pacientes”.

En el ámbito laboral la situación de la profesión es muy delicada

El presidente de los enfermeros españoles asegura que “la enfermería puede tener una gran repercusión en la reducción de los costes de la salud y en la mejora de la calidad de los cuidados. Sin embargo, la realidad no parece buscar ese equilibrio entre calidad y presupuestos, pues lejos de contemplar un aumento de los profesionales de enfermería, en el sistema público hay 138.000 médicos y 165.000 enfermeras, cuando la proporción de profesionales en los países más avanzados es de un 30% de médicos por un 70% de enfermeras. En Atención Primaria, clave en el sistema, se cuenta con 35.000 médicos por sólo 30.000 enfermeras”.

Enfermeras resilientes

Como sostiene Fidel Rodríguez, presidente de la Sociedad Española de Enfermería Familiar y Comunitaria “se debería decir que en nuestro país, y tras los recortes sufridos, las enfermeras/os hemos demostrado una resiliencia muy alta ante las adversidades.  Pacientemente, hemos aguantado con una tremenda disminución de efectivos planta por planta, hospital por hospital, haciendo acumulaciones para poder librar en Atención Primaria, manteniendo la calidad del servicio prestado, disminuyendo nuestro salario, aumentando las horas laborales, con un paro que todavía supera las once mil enfermeras/os y soportando a un ministro en funciones, que nos relega profesionalmente a los años 50 con su modificación torticera del decreto que regula la prescripción enfermera. Por tanto, no es el sistema el que tiene alta resiliencia son las enfermeras y los enfermeros de este país”. Al fin y al cabo, “las enfermeras son cruciales para lograr el mejor equilibrio entre calidad, acceso y coste en la sanidad española y en cualquier otro lugar del mundo”.

El paro todavía supera las 11.000 enfermeras

Esta es una de las premisas principales, según González Jurado, por las que la profesión debe cerrar filas para que no se sigan destruyendo puestos de trabajo enfermeros y la población pueda contar con la atención sanitaria que le corresponde. “Tenemos que reflexionar e ir todos cogidos de la mano porque en los últimos años hemos conseguido un desarrollo extraordinario y, sin embargo, en el ámbito laboral estamos en una situación delicada, con picos de desempleo de casi 20.000 enfermeros en paro”, destaca el presidente de la Organización Colegial.

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Necesidades de los pacientes

Por ello, tanto para el Consejo Internacional de Enfermeras como para el Consejo General de Enfermería, “la necesidad de los pacientes debe ser la que determine las categorías del personal de salud y los conjuntos de capacidades que se precisan para dispensar los cuidados. Cuando se establecen nuevas categorías profesionales o se introducen cambios de funciones, han de identificarse y planificarse desde el principio las posibles consecuencias que tendrán para los recursos humanos de salud nacionales y locales, para las estructuras de la carrera profesional, y para los resultados en los pacientes.

Los pacientes y sus necesidades deben determinar los profesionales

Además, existen investigaciones que demuestran, con evidencia científica, que “la reducción de 8 a 4 en el número de pacientes que atiende una enfermera –añade– implica 5 vidas salvadas por cada mil pacientes sometidos a cirugía y, por el contrario, la saturación de la carga asistencial se traduce en un  incremento del 14% en el riesgo de fallecimiento en 30 días para cada paciente. En insuficiencia cardíaca, por ejemplo, se puede disminuir un 70% la estancia hospitalaria cuando se implanta la enfermera gestora de casos. El número de enfermeras y su rol influye en el devenir del sistema y en la salud de los pacientes”.

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