Jueves, 25 Agosto 2016 14:53

Una enfermera estudia el síndrome que afecta a los “Ulises” del siglo XXI

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“Y sentía dolor por su tierra patria caminando por la ribera del resonante mar, en medio de lamentos. . .” – Homero, La Odisea

ANA MUÑOZ.- Diez años pasó el héroe griego Odiseo -Ulises en su versión latina- luchando en la Guerra de Troya, y otros diez intentando regresar a su patria en medio de un sinfín de penalidades. De aquel viaje calamitoso toma su nombre un síndrome desconocido aunque muy presente en la sociedad actual, el llamado Síndrome de Ulises.

De índole psicológica, quienes lo padecen presentan un fuerte estrés crónico derivado del proceso de inmigración, especialmente cuando ésta se produce en circunstancias difíciles o adversas. Abarca síntomas de tipo confusional, psicosomático, depresivo y ansioso, y quizá por afectar a un sector empobrecido de la sociedad permanece invisibilizado.

Gianina Villalobos, una joven enfermera que acaba de concluir sus estudios en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid, ha centrado su Trabajo de Fin de Grado en estudiar las características del Síndrome de Ulises y en proponer un plan de prevención y promoción de la salud para ayudar a quienes lo sufren. Ella misma es inmigrante, llegó a España hace seis años procedente de Lima (Perú), pero reconoce que nunca atravesó las dificultades de las personas cuyos casos ha estudiado para elaborar su trabajo. Asegura que se decidió por este tema para el TFG “porque hay muy poca información sobre él a disposición de los profesionales sanitarios, lo que deja sin apoyo y sin asesoramiento a estos inmigrantes en situación de vulnerabilidad. Se puede salir del síndrome, hay solución, pero el primer paso es saber que existe”.

En la oscuridad

A juicio de Villalobos, la falta de información sobre el Síndrome de Ulises se debe, esencialmente, a motivos económicos. “Hablamos de personas que, a menudo, no tienen papeles en regla ni cotizan a la Seguridad Social, por lo que los gastos de su atención deberían proceder de otras partidas. En ocasiones llegan a asociaciones de inmigrantes donde intentan prestarles ayuda, pero no les derivan a un centro de salud o a servicios sociales. Otras veces ni siquiera se detecta el síndrome en los centros de acogida, se confunde con simple desorientación, así que nunca llega a haber comunicación con los servicios sanitarios”.

La enfermera recalca que no se trata de una enfermedad, sino de “un conjunto de signos y síntomas, de factores psicológicos que van más allá de lo que la propia persona puede contener, y que terminan transformándose en síntomas físicos, conductuales y sociales que detonan la bomba emocional”. La añoranza de los seres queridos, la dificultad que entraña tener que aprender una nueva lengua, los cambios culturales que abarcan desde distintas costumbres hasta una religión diferente, los cambios en el estatus social, los encontronazos con la maquinaria burocrática del país receptor, las dificultades en el acceso a la vivienda y el mercado laboral, el racismo… son factores que incrementan el sentimiento de soledad y desarraigo de los inmigrantes por causas forzosas.

El rol enfermero

“Las enfermeras debemos plantearnos la elaboración de un proyecto de educación para la salud para afrontar este problema”, sentencia Villalobos. Un proyecto que, según su propuesta, estaría basado en sesiones con actividades destinadas a que los inmigrantes comprendan lo que les ocurre, reorganicen los procesos básicos de su vida, se adapten progresivamente a los cambios y, entre otros aspectos, fortalezcan sus cualidades y virtudes para el control de situaciones estresantes. Previamente se les sometería a una escala de valoración de salud biopsicosocial y a un cuestionario de interpretación emocional y psicológico.

Mientras, el reto es hacer visible el problema. “Igual que hay campañas y carteles en hospitales y centros de salud para luchar contra la hipertensión y la obesidad, debería haberlos sobre el Síndrome de Ulises. Debemos tomar conciencia entre nosotros mismos, como compañeros de profesión”, asegura Villalobos. No obstante, la enfermería no puede hacer frente sola al problema. Su abordaje, explica, “debe ser multidisciplinar: enfermero, médico, psiquiátrico y social”.

El objetivo de esta enfermera, de sólo 23 años, no sólo es paliar la sintomatología del inmigrante y evitar sus factores de riesgo, sino “hacer reflexionar a la población autóctona sobre la importancia de su capacidad de acogida. España es un país multicultural y si quiere salir a flote necesita también a sus inmigrantes, así que lo lógico es apostar por ellos”.

Ana Muñoz

Contenido revisado en Enero de 2021
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