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Entrevista a Enrique Villoslada, enfermero de Cruz Roja en Sierra Leona

Enrique Villoslada Enrique Villoslada

La epidemia del ébola sigue azotando África y ya se ha cobrado más de 2.200 vidas, mientras la OMS prevé que afecte a más de 20.000 personas antes de remitir. Enrique Villoslada tiene 31 años y es uno de los enfermeros españoles de la Cruz Roja desplegados sobre el terreno para luchar contra la enfermedad. Se encuentra en Kenema, la tercera ciudad más grande de Sierra Leona, epicentro de la epidemia. Cree que los medios están arrojando una imagen demasiado alarmista en cuanto a las posibilidades de contagio en Europa y recuerda que en África hay otras muchas enfermedades devastadoras, aunque aquí sólo se hable del ébola por su protagonismo mediático.

 ¿Cuál es en este momento la situación en Kenema respecto al ébola?

Es incierta. Hay días en los que vemos muchos casos y otros en los que no. Por ejemplo, en el triaje donde estamos trabajando en el Hospital de Kenema, tenemos días en los que vemos alrededor de 100 pacientes y de ellos ingresamos a cuatro o cinco porque creemos que son posibles casos de ébola. Otros días podemos ver a 40 pacientes e ingresar a 25. No vemos una curva clara de la epidemia, no observamos que ceda ni que vaya en aumento. Desde mi punto de vista, estamos en la mitad del camino.

¿Qué actitud hay que tomar cuando uno sabe que se enfrenta a un enemigo tan peligroso como es el ébola?

Lo primero que hay que hacer es formarse y saber todo lo posible sobre la enfermedad, sobre sus vías de transmisión, sus síntomas, todo lo que la rodea. Trabajar en un entorno tan hostil sólo es posible cuando has practicado antes con la supervisión de expertos. A nosotros la OMS nos dio información teórica y después fuimos al hospital de Médicos Sin Fronteras en Kailahun. Allí estuvimos cuatro días trabajando bajo supervisión, aprendiendo de todo lo que ellos hacen. Eso nos ha permitido afrontar ahora el trabajo con seguridad. Sabemos que si se siguen los protocolos no tiene por qué pasar nada. Además, yendo con la Cruz Roja vamos seguros.

Atención de Cruz Roja en Sierra LeonaAtención de Cruz Roja en Sierra LeonaAtención de Cruz Roja en Sierra Leona¿Qué te parece la visión que se está transmitiendo de la enfermedad y de vuestro trabajo en los medios de comunicación? 

Creo que el mensaje que se ha transmitido es demasiado alarmista y llama al miedo de la gente. Los trajes NQB que llevaban los sanitarios que transportaron al cura repatriado, cerrar un ala entera de su hospital… Para mí, ha sido algo desproporcionado. El ébola sólo se transmite por contacto directo con una persona infectada, a través de fluidos corporales como sangre, vómitos, diarrea, semen, fluido vaginal o saliva. No se transmite por el aire ni tampoco por el sudor si no hay heridas abiertas. No hay que tener miedo si se sabe lo que se hace y si se siguen los protocolos, sin bajar la guardia.

¿Cuáles son las principales funciones del enfermero en la atención a un paciente con ébola?

En este momento, al no tener cura, sólo podemos esperar a que el sistema inmune luche contra el virus. El papel del enfermero es ayudar al paciente a mantener las fuerzas, proporcionándole líquidos y alimentos, manteniéndole en las mejores condiciones para que pueda librar esa lucha. Es complicado porque el traje de aislamiento que llevamos da muchísimo calor, la temperatura cuando te lo pones puede llegar a los 45º C. Aguantamos como mucho una hora con él puesto.

¿Cuál es la peor situación a la que te has enfrentado como enfermero en Kenema?

La visión de cómo se desestructuran familias enteras, padres que ven morir a sus hijos, hijos que se quedan sin padres. A veces les ayudamos sabiendo que no tienen muchas posibilidades de salir adelante. Aunque sepas que no está en tus manos hacer más, cuesta mucho asumirlo. Se te rompe el corazón. ¿Cómo os ve la población de Sierra Leona? En algunos lugares se han dado casos de ataques a sanitarios por parte de la población local. La población sabe que estamos aquí para ayudarles, pero a veces hay problemas por las diferencias culturales. No quieren creer lo que les pasa, no confían en nosotros o piensan que todo esto es invención de los blancos. Por ejemplo, en su cultura es muy común, cuando alguien fallece, celebrar rituales donde todos los asistentes tocan al muerto. Luego se pasan las manos, empapadas en lágrimas, por la cara. Y es precisamente en el organismo muerto donde el virus se vuelve más contagioso. Convencerles de que cambien esas costumbres es muy difícil.

¿Cómo se hace para no obsesionarse o paralizarse cuando el más mínimo error o descuido puede costarte la vida? La higiene, el aislamiento, evitar el contacto… ¿Es posible llegar a hacerlo de manera rutinaria?

Puede ocurrir que te quedes bloqueado, pero nosotros siempre vamos de dos en dos de manera que un compañero cuida del otro. No hay margen para el error porque, si alguien falla, falla todo el equipo. Estamos entrenados para esto, somos enfermeros profesionales y venimos de un país donde la profesión tiene una excelente reputación. Nunca hay que caer en la rutina. Si eso ocurre, es el momento de dejarlo y volver a casa.

Ana Muñoz

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