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La opinión de los expertos sobre las especialidades

Analizamos con distintos representantes de las comisiones nacionales de cada especialidad su situación actual.

 

 

 

 

 

 

 

 

Enfermería Obstétrico-Ginecológica (matrona): no es oro todo lo que reluce

Las unidades docentes antes tenían autonomía

La Enfermería Obstétrico-Ginecológica es “la niña bonita” de las especialidades. La única vinculada al puesto, suele ser la preferida por los residentes, pues es con la que tienen opciones de trabajar de especialista. Sin embargo, no todo es positivo. Para Gloria Boal, vocal en la comisión nacional, la regulación de 2005 supuso un retroceso. “Antes las unidades docentes tenían autonomía propia, ahora que son multiprofesionales, dependen de la dirección de médicos-ginecólogos”.

En estos diez años se han formado cerca de 4.000 nuevas matronas y un 92% trabaja como especialista, según un estudio de M.ª Isabel Sánchez Perruca publicado en Matronas Profesión. Para Boal, “en el momento actual es posible que se haya cubierto la mayor parte de las necesidades que había”, con la oferta de plazas de formación. “Sin embargo, dado que se tuvieron que cubrir plazas de matronas con enfermeras generalistas, estos puestos todavía están sin sustituir”.

Una especialidad por la que no apuestan las CC.AA, pues como recuerda Boal “las matronas fueron impuestas por la normativa europea y continuamos con las siguientes directrices que obligan a los gobiernos a asumirlas”, finaliza.

 Enfermería de Salud Mental: gasto sin contrapartida

Sólo cuatro autonomías han vinculado la especialidad al puesto de trabajo

Estos diez años “han supuesto un gasto importante en formación que no ha revertido después en la atención y cuidados a los enfermos mentales y, en muchas ocasiones, ha sido motivo de frustración de estas enfermeras por no poder desarrollar su disciplina”, pues “las comunidades autónomas siguen sin reconocer la especialidad y sin definir los puestos de trabajo”, tal y como explica Roberto Martín, vocal de la comisión.

De hecho, las autonomías que han regulado la categoría profesional son Aragón, Baleares, Cantabria, Galicia, Murcia y Comunidad Valenciana, pero sólo se ha vinculado la especialidad al puesto en Castilla y León, Extremadura, País Vasco y Murcia.

Desde 1998, fecha de creación de esta especialidad, se han aprobado 17 convocatorias con un total de 2.119 plazas, pero con las que se da una paradoja: “tenemos en España enfermeras especialistas en salud mental bien formadas, que están trabajando en otros servicios, y otras enfermeras sin formación específica trabajando en salud mental”.

Al fin y al cabo, como sostiene Martín, “las gerencias han visto en su regulación una distorsión en la organización de los servicios”.

 Enfermería del Trabajo: camino por recorrer

Hay 9.000 especialistas en Enfermería del Trabajo

Heredera de la antigua enfermería de empresa, casi 9.000 enfermeros cuentan con esta titulación por la vía excepcional. Para ellos estos diez años “han supuesto el reconocimiento a su trayectoria profesional”, afirma Pilar Fernández, vocal de la comisión, “aunque sólo aproximadamente 4.000 estén trabajando”, y es que “únicamente 950 empresas con más de 500 empleados cuentan con servicio sanitario”.

No en vano, su reconocimiento como especialidad supuso un gran avance. Sin embargo, “en este ámbito todavía queda mucho camino por recorrer para reconocer las competencias, la aportación que realizan a la sociedad y el beneficio que supone la salud laboral”, sostiene Fernández. Buena prueba de ello es que sólo es posible cursarla en Murcia, Andalucía, Valencia, Castilla y León y Ceuta.

Si importante es para la enfermería la prescripción enfermera, aún más vital si cabe lo es en la salud laboral. “No podemos olvidar —recuerda Pilar Fernández— que en la inmensa mayoría de los servicios de prevención la única presencia garantizada es la de la enfermería.  En estos casos, ¿cómo se puede atender a los trabajadores eficazmente si no se puede prescribir?”, pregunta Fernández.

 Enfermería Geriátrica: prueba polémica

Geriatría es la especialidad que menos plazas convoca

Eso es lo que todo el mundo recuerda de esta especialidad en estos diez años. Y es que la primera prueba de evaluación de la competencia para el acceso excepcional al título fue muy controvertida: después de años esperando esta oportunidad y meses preparándola, los miles de enfermeros que se presentaron a la primera de las dos convocatorias, en octubre de 2013, se encontraron con 56 preguntas anuladas, pues nada tenían que ver con el temario que se había aprobado tres años antes y apenas un 15% de los candidatos aprobó, a pesar de tener una dilatada experiencia y formación en geriatría.

El Consejo General de Enfermería contactó con los ministerios de Educación y Sanidad para exigir una solución inmediata al conflicto. Finalmente, en noviembre de ese año se realizaba la segunda prueba con un examen que, esta vez sí, se ceñía de forma escrupulosa al temario. El resultado: un altísimo porcentaje de aprobados.

En 2010 se aprobaba la convocatoria de las primeras 12 plazas de formación EIR para geriatría. Esta tónica se ha mantenido en las siguientes convocatorias, pues año tras año ha sido la especialidad que menos plazas ha convocado.

 Enfermería Pediátrica: esperando la prueba

Sólo Murcia ha vinculado la especialidad al puesto de trabajo

“Es una lástima que, después de dos años de formación, estos profesionales no tengan cabida en el sistema sanitario, ni siquiera con derecho a mejorar su posición en la bolsa de trabajo”, explica Ana Pedraza, vocal en la comisión nacional de la especialidad.

Tan sólo Murcia ha vinculado la especialidad al puesto de trabajo. “Tampoco se tiene en cuenta el derecho al ejercicio automático de las funciones propias de las especialidad. Según informaciones de los residentes, en la mayoría de las CC.AA, ni siquiera tienen un perfil específico dentro de las bolsas de trabajo, con el agravante de que la puntuación que les da la especialidad es mínima”, explica Pedraza.

Y es que el avance en estos diez años ha sido muy lento. Hasta junio de 2010 no se aprobó su programa formativo, por lo que “sólo llevamos 5 años de la formación EIR”, con una oferta de plazas muy limitada, 468 en total.

Heredera de la antigua especialidad de pediatría y puericultura, por la vía directa 2.554 enfermeras lograron la expedición de su título de especialistas. Otras 14.621 están pendientes de realizar la prueba de evaluación para obtenerlo, un “examen que posiblemente se realizará en el mes de octubre de este año”, finaliza Pedraza.

 Enfermería Familiar y Comunitaria: frustración

Todo está por definir

“Una espera muy larga y mucha frustración”, así describe Fidel Rodríguez, vocal de familiar y comunitaria, estos diez años. “Los especialistas no encuentran un puesto tras terminar su formación, las comunidades autónomas no definen los puestos de trabajo —ni tienen en proyecto hacer-lo— y los profesionales con experiencia siguen esperando la prueba de evaluación”.

La formación EIR se convocó por primera vez en 2010, con 132 plazas, la mayoría en unidades docentes multiprofesionales. Por esta vía se han formado más de 350 especialistas, pero ninguno ejerce como tal. Para Rodríguez “es de risa crear un sistema de especialización que no obedece a nada: ni a las necesidades de los pacientes ni a las del sistema”.

A su juicio, esta falta de planificación supone “una clara negligencia administrativa”, una “auténtica dejación de funciones” de los servicios de salud que ni “apuestan por las especialidades ni tienen prevista inversión alguna en ellas”. “Creo —afirma Rodríguez— que (las especialidades) son un estorbo en sus políticas reduccionistas de los recursos humanos enfermeros”.

Y es que, como recuerda Rodríguez, “está todo por hacer: hay que definir el modelo, la ubicación, los puestos de trabajo. En definitiva, planificar”, concluye.

 Enfermería en Cuidados Médico-Quirúrgicos: voluntad política

Diez años después continúa sin programa formativo

Eso es lo que falta, según Juan Carlos Gómez, vocal en la comisión para que, por fin, se apruebe su programa formativo, pues es la única que lo tiene pendiente, “a pesar de que está todo desarrollado con rigor científico-técnico”, aclara Gómez.

“Tarde o temprano tendrán que rendirse ante la evidencia. Si los políticos perdieran la mirada cortoplacista, que les puede indicar que los especialistas suponen un aumento del gasto, y analizaran a largo plazo las disminuciones de costes,  la disminución de la morbilidad y el aumento de seguridad para los ciudadanos, no tendrían esos temores infundados”. Y es que, como recuerda Gómez, “vivimos en un mundo tremendamente especializado, donde ya es imposible que los cuidados de enfermería complejos puedan ser afrontados por enfermeras generalistas”.

Aun así, es optimista al afirmar que, si se aprueba el programa formativo, “podría formar parte de la próxima convocatoria EIR”. Para más adelante, y sin horizonte temporal, quedaría “el desarrollo de las tres áreas de capacitación específica que se definieron: cuidados periquirúrgicos y periintervencionistas; cuidados a pacientes crónicos complejos; y cuidados a pacientes críticos y de urgencias y emergencias”, finaliza Gómez.

 

 

Gema Romero

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