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Bruselas quiere implantar cuanto antes la Tarjeta Profesional Europea para facilitar la movilidad de los enfermeros

Es una de las iniciativas más importantes de la nueva Directiva de Reconocimiento de Cualificaciones.

La Directiva otorga el papel primordial a los órganos reguladores de la profesión (Consejo General) como autoridades competentes con capacidad para velar por la libre circulación de profesionales.

La Comisión Europea llama a centrar los trabajos en la formación continuada de los sanitarios, la que actualmente más afecta a la seguridad de los pacientes.

Representantes de las instituciones comunitarias y de organizaciones profesionales han discutido los cambios introducidos por la reforma de la Directiva de Cualificaciones Profesionales, que afecta a la movilidad de los sanitarios europeos y reconoce las competencias mínimas de la Enfermería. Lo han hecho a través de una jornada de conferencias titulada “Modernización de la Directiva de Cualificaciones Profesionales: una movilidad segura” celebrada en la sede de la Comisión Europea.

La norma recientemente modificada establece un régimen de reconocimiento de las cualificaciones profesionales enfocado a favorecer la flexibilidad de los mercados laborales, conseguir una mayor liberalización de la prestación de los servicios, fomentar la automaticidad en el reconocimiento de las cualificaciones y simplificar los procedimientos administrativos. Además, establece siete profesiones que gozan de reconocimiento automático entre Estados miembros: enfermeros, arquitectos, odontólogos, médicos, matronas, farmacéuticos y veterinarios, y se está discutiendo si extenderlo a otras disciplinas. También otorga el papel primordial a los órganos reguladores de la profesión (Consejo General) como autoridades competentes con capacidad para velar por la libre circulación de profesionales.

Entre las iniciativas más importantes que han surgido a raíz de la nueva Directiva está la implantación de una Tarjeta Profesional Europea que facilitará la movilidad de los profesionales y acreditará su preparación para ejercer en cualquier país de la Unión. Gracias a esta tarjeta, las autoridades competentes de todos los estados miembros compartirán información de manera abierta y se reducirán los periodos de espera con que determinados Estados miembros dilatan la incorporación de nuevos profesionales.

En la actualidad, cuando un enfermero quiere trabajar en un país extranjero –bien por voluntad propia, bien por necesidad- se enfrenta a un arduo y casi infinito proceso administrativo. A menudo se empieza por contactar con la autoridad competente de destino, recopilar los documentos necesarios, efectuar las homologaciones pertinentes,  pasar por varias ventanillas… y no pocas veces se termina entrando en un bucle en el que cuanta más información aporta el candidato más se le solicita. Esto es, precisamente, lo que quieren evitar desde la Comisión Europea los impulsores de la Tarjeta Profesional Sanitaria.

El gran escollo

Tal y como se ha recordado en la Comisión Europea, la puesta en marcha de la tarjeta está prevista para el año 2016, aunque son muchos los colectivos que vienen advirtiendo de la necesidad urgente de implantarla en un momento de crisis económica y elevados índices de paro como el actual. Sin embargo, el obstáculo que los expertos han encontrado hasta ahora es la doble necesidad de satisfacer las necesidades de los profesionales y las administraciones respetando a la vez los derechos de las naciones y los ciudadanos. La clave, según la Comisión Europea, está en el diálogo, la flexibilidad y la colaboración administrativa de todos los estados miembros. En cualquier caso, todos los ponentes de la Conferencia de han coincidido en calificar la Tarjeta Profesional Europea como un procedimiento vital para la movilidad en el siglo XXI.

Impulsar el mercado de trabajo

La francesa Bernadette Vergnaud, eurodiputada socialista, ha recordado que cuando empezaron a trabajar en el proyecto de la nueva Directiva allá por el año 2007, había quien lo miraba con escepticismo. Hoy, sin embargo, se muestra segura de estar caminando en la dirección correcta: “La Tarjeta Profesional Europea es fundamental y va a ver la luz. Es un tema sobre el que ha habido división, pero hemos querido seguir avanzando y convenciendo a los grupos de interés de las bondades del cambio”, ha explicado. “Ahora es más importante que nunca facilitar la movilidad”.

En la misma línea se ha pronunciado Marianne Sipilä, presidenta de la Federación Europea de Asociaciones de Enfermeras: “Tenemos mucho interés en que la tarjeta salga adelante. Nosotras, como enfermeras, apoyamos el proceso porque consideramos que la libre circulación es un derecho humano. Además, los empleadores tienen que saber quién está buscando trabajo. La enfermería es la profesión con el índice de movilidad más alto y tiene que haber un sistema de comprobaciones que garantice la seguridad. En la Federación creemos que la tarjeta va a ser un éxito en tiempos de austeridad y recortes, para que se empiecen a cubrir las vacantes de enfermeras. Hay que darles la oportunidad de buscar trabajo en otros países si en el suyo de nacimiento no lo hay”, ha explicado antes de hacer un llamamiento a la unidad: “Debemos dejar de lado las diferencias entre Estados miembros y trabajar juntos. Aprovechemos un mecanismo que podemos utilizar –la Tarjeta Profesional- y que puede ser un buen instrumento para fomentar la movilidad y reducir los índices de desempleo, en especial entre los profesionales sanitarios”.

Títulos, formación continuada e idiomas

Los ponentes de la Conferencia han coincidido en señalar que si bien la regulación de las cualificaciones y el título universitario es un primer paso fundamental, los trabajos ahora deben centrarse en la formación continuada de los profesionales que ya se encuentran en el mercado laboral, porque su trabajo afecta directamente a la seguridad de los pacientes.

Sobre la cuestión de los idiomas y el debate que existe acerca de si se puede obligar o no a los profesionales a aprender un idioma para trabajar en un país extranjero, la eurodiputada Vergnaud se ha mostrado contundente: “Es obligatorio conocer el idioma del paciente porque se trata de una cuestión de confianza”, ha explicado.

Marianne Sipilä se ha manifestado en el mismo sentido: “Cuando un paciente acude al sistema sanitario, es muy importante que se entienda con el proveedor del servicio de salud correctamente. De la misma manera, cuando el paciente viaja, se presupone que conoce el idioma del país al que se traslada y sabe a qué dificultades se enfrenta. Los criterios mínimos deben pasar siempre por una correcta comprensión del idioma”, ha concluido la presidenta de la Federación de Asociaciones de Enfermeras.

Posibilidades de fraude y costes

¿Puede la Tarjeta profesional Europea evitar la falsificación de documentos? ¿Hasta qué punto logra garantizar la seguridad? El encargado de responder a estas preguntas ha sido Marek Szewczynski, asesor legal y responsable del Centro de Reconocimiento de Cualificaciones para médicos y dentistas de Polonia: “Sí, la tarjeta Profesional Europea dará más garantías para evitar los fraudes porque los países de origen y destino podrán comprobar mucho mejor los documentos. Personalmente, me sentiría más seguro si la información de los profesionales me la remitiera directamente la autoridad de su país, porque eso garantizaría que los documentos son auténticos y están correctamente expedidos”, ha explicado.

En opinión de Szewczynski, a menudo se complica la vida al sanitario con trámites cuando, realmente, “son las autoridades competentes de origen las que conocen los procedimientos, las que saben qué hace falta. Por eso son ellas las que deberían facilitar la tarea a los profesionales”. Su país, Polonia, participó junto a los Países Bajos en un experimento para valorar los costes del nuevo procedimiento que conlleva la reforma de la Directiva, y los resultados fueron los siguientes: “Descubrimos que cuando actuamos como país de origen no se elevan los costes porque los procedimientos son los mismos, y que cuando actuamos como país de destino incluso se abaratan, porque nos llega información mucho más pormenorizada”, ha argumentado.

La conferencia concluía con la exposición de conclusiones de la mano de Michel Barnier, Comisario europeo de Mercado Interior. Barnier ha definido la libre circulación de ciudadanos como “la base del proyecto europeo” y ha emplazado a la Cámara a seguir debatiendo, junto a los profesionales implicados, para concluir el marco normativo que permita la aplicación definitiva de la nueva Directiva. 

 

Ana Muñoz

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