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Foto cedida por Ana Belén López Cadenas, del blog “Chupete, tirita, pintalabios”. Autor: Jorge Martín Martín Foto cedida por Ana Belén López Cadenas, del blog “Chupete, tirita, pintalabios”. Autor: Jorge Martín Martín

Tener un hijo te cambia la vida. Nunca un tópico había sido tan cierto. En el embarazo todo parece ir a un ritmo diferente, vives un montón de emociones, altibajos, esperas, desesperas. Te preparas para el parto. Pero, ¿y para lo que viene después? Ahí es más difícil. Si eres primeriza todo es un mundo, si ya tienes experiencia no sabes cómo os adaptaréis al nuevo miembro. Lo que está claro es que vas a tener que encajar muchas piezas en un puzle, en el que el trabajo es un auténtico quebradero de cabeza, sobre todo si eres enfermera, y más si encima trabajas a turnos. ¿Cómo lo hacen? Con motivo del Día de la Madre, en DIARIO ENFERMERO hemos querido averiguarlo.

 

Del total de enfermeros, el 84,25% son mujeres.
Y más de la mitad, el 53,4%, tiene menos de 45 años.

Benditas abuelas

Aroa dando el pecho a su bebéAroa piensa seguir con la lactancia materna todo lo posibleAroa piensa seguir con la lactancia materna todo lo posibleAroa Viello es una matrona de Cádiz. Trabaja en el paritorio del hospital Puerta del Mar y acaba de ser mamá. De hecho se ha reincorporado a su puesto el 1 de mayo, cuando su pequeña Aroa acaba de cumplir los cinco meses. “Me va a suponer una depresión, ya que tiene que ser super duro”, afirma sobre su vuelta al trabajo. De momento, de su hija se van a encargar las abuelas, sobre todo su suegra, pues su madre vive a 100 kilómetros, en Algeciras. Algo que será muy habitual, pues trabaja a turnos. “Tendré que tirar mucho de las abuelas, porque de poco me sirve la guardería –aunque la pequeña Aroa empezará el curso en septiembre– si estoy trabajando de tarde o de noche, y mi marido tiene un bar, así que trabaja mañana y tarde”.

 "Tendré que tirar 
mucho de las abuelas"

A la niña la recogerá y la llevará a la guardería su suegra. Cuando la niña no tenga cole o esté enferma se desplazará su madre para hacerse cargo de ella. “También se vendrá con nosotros en verano, porque aunque mi suegra está muy bien, ya tiene 70 años y los niños cansan mucho”. Para esta matrona “a nuestros hijos no los tienen que criar los abuelos, pero gracias a Dios los tenemos”. Algo que, en definitiva, es su mejor opción. “Para meter a una mujer prefiero dejarla con las abuelas, también porque al tener turnos esporádicos no le puedo decir a nadie hoy de día, mañana de tarde”. Tal y como comenta, “el problema no sólo son los turnos rotatorios, es que aquí en Andalucía te llaman a las 2 de la tarde para entrar a trabajar a las 3 y no puedes faltar. A lo mejor he empezado de mañana y me han llamado para que vaya de tarde porque ha faltado alguien. Y normalmente, por edad, somos las madres las que tenemos los corre turno”. En su caso la van renovando cada cuatro meses. 

Sin derecho

“Me hubiera gustado cogerme una excedencia, por lo menos hasta que la niña vaya a la guardería, pero al ser eventual no es posible, ni siquiera la reducción de jornada, porque el SAS no lo permite”. Eso sí, por el servicio en el que trabaja está convencida de que tendrá todo el apoyo de sus compañeras y de su supervisora. “Con ellas no voy a tener problema, porque como somos todas matronas hay muy buena sensación con los niños. Así que si se pone mala, seguro que hay quien me hace el turno. En mi servicio son más mayorcitas –la media de edad ronda los 50 años –, pero con niños estaremos tres, que somos las eventuales”.

Aunque en su centro no hay sala de lactancia, piensa seguir dando el pecho a su hija todo lo posible. “Siempre he pensado que en todos los hospitales debería haber un lugar donde pudieras dar el pecho a tu hijo, sobre todo porque nosotras mismas estamos recomendando seis meses exclusivos de lactancia. En mi caso, al trabajar en paritorio, confío en que me la lleven para poder darle el pecho. Pero claro es un ambiente más normalito. Si entras a planta, allí a lo mejor no te atreves a llevar a un niño”.

Su ideal sería que hubiera una baja en un centro de salud, para coger un turno de mañana, “pero eso está muy difícil”.

 

Hoy por ti, mañana por mi

La edad similar de sus hijos ha sido claveLa edad similar de sus hijos ha sido claveLa edad similar de sus hijos ha sido claveFátima Trinidad y Esther Pérez son enfermeras de la unidad de Cuidados Críticos del Hospital Universitario Fundación Alcorcón (Madrid). Trabajan en turnos de 12 horas. Ambas tienen hijos de edades similares, -los de Fátima, Silvia y Nerea tienen 10 y 12 años, y los de Esther Carla y Jorge, 10 y 13-, así que han tenido la suerte de poder compenetrarse muy bien. Desde hace años se suplen los turnos, siempre que es posible.

"La formación no está
pensada para las madres"

Con estos turnos, para Fátima” cuando trabajas de ocho de la mañana a ocho de la tarde, sólo trabajas. Cuando estás de noche, antes de irte a trabajar dejas la cena hecha y las instrucciones para los baños, la ropa del día siguiente… y siempre tienes alguna llamada de: no encuentro….. Así que estás trabajando y también pendiente de lo que has dejado atrás”. Para Esther la situación es más compleja todavía porque su marido también trabaja a turnos, así que procura cambiar los días con los compañeros, trabajar más de noche, o en fines de semana y festivos “que es cuando los niños menos me necesitan para los deberes o las tareas”. 

Amantes de su trabajo, para Esther, por ejemplo, ir a la unidad de Cuidados Críticos es como ir a un balneario. “Para mi es una liberación, de deberes, libros, casa, niños, plancha… llegó allí y hago lo que me gusta, atender a los pacientes, porque está profesión es una auténtica vocación”.

Llamamiento

Con los años se han ido acostumbrado y organizando, tirando de la familia, de compañeros, de cambios de turnos. Pero una de las que cosas que más echan en falta, sobre todo Fátima, es no poder formarse como le gustaría. “El sistema está montado de tal manera que tenemos que ofrecer nuestras libranzas a cambio de hacer cursos. Cuando eres madre eso no es posible. A veces tienes que sopesar el ejercer de madre o el seguir formándote como enfermera, y ahora mismo mis hijas me necesitan más”.

 

Gracias a Carmen

Siempre que puede, Ana lleva a sus hijos al colegioSiempre que puede, Ana lleva a sus hijos al colegioSiempre que puede, Ana lleva a sus hijos al colegioAna García Campos trabaja en el hospital provincial de Conxo (Santiago de Compostela), en la unidad de traumatología. También trabaja a turnos, aunque el suyo es un anti estrés modificado, donde hacen una noche a la semana, de tal forma que trabajan tres días de mañana, noche con libranza y tres turnos de tarde. Además, tiene dos hijos, Fernando de 8 años y Daniela de 6. Su marido es abogado, tiene un despacho y es autónomo, así que “tiene que estar en el despacho cuando el cliente lo necesita, porque si no se va a la puerta de al lado”.

En su caso organiza su vida gracias a Carmen, una mujer algo mayor, de 55 años, que cubre sus turnos y se queda con los niños cuando ella trabaja. Encontrarla fue complicado. “una persona normal no se presta. Al fin y al cabo es una persona a la que tienes disponible todo el día. Nosotros tuvimos la suerte de encontrar a Carmen. No tenemos vínculo de sangre con ella, pero ya es de la familia”.

Entre compañeros

Cuando Carmen no ha podido han tenido que tirar de algún vecino, porque su familia es de Jaén y su suegra vive a 30 kilómetros. Además, con las compañeras también tiene muchas facilidades. “Todas tenemos hijos más o menos de las mismas edades, y aunque hay otras que ya los tienen más mayores, saben lo que es. Yo sólo tengo que levantar el teléfono y decir que tengo un problema, y casi no tengo que dar explicaciones de qué tipo de problema es para que te cambie el turno. Echas mano de la que está librando para que pueda hacerte el turno. Hoy por ti mañana por mí”.

 “Cuando son pequeños no
entienden que mamá no esté”

Con la dirección de enfermería, ahora que ya no tienen días libres, es más difícil. “Si tú faltas no van a poner a otra persona. Si necesitas llevar el niño al pediatra te dan las horas, pero no te cubren. Los pacientes recaen en el resto de compañeras. A veces es mejor cambiar el turno, para que no recaiga sobre otro, o porque cuando llegas a la unidad el trabajo está atrasado. No es lo mismo hacer el trabajo en la 4 horas que en 7”. “También –añade- tengo la suerte de que mis hijos no enferman.

Compatibilizar la vida laboral con la familiar le ha costado mucho. “Los niños cuando son pequeños no entienden que mamá no esté, que vaya a trabajar de noche, que no esté por la tarde. Con el paso del tiempo los chiquillos han ido entendiendo”.

A modo de anécdota nos contaba que “cuando el mayor era más pequeño, cuando sabía que me iba a trabajar de noche, ese día procuraba dormirse antes de que saliera de casa. Eso le daba tranquilidad, el dormirse mientras mamá estaba en casa. Así tenía la sensación de que ‘estaba a salvo’. Hasta ese extremo llegan los niños”.

 

Encaje de bolillos

Tras un año de excedencia, ahora tiene reducción de jornadaTras un año de excedencia, ahora tiene reducción de jornadaTras un año de excedencia, ahora tiene reducción de jornadaCon tres hijos de 7, 5 y 3 años, Edurne Lizarazu tiene que hacer auténtico encaje de bolillos para atender a su vida personal y profesional. Trabaja en el servicio de Urgencias del Hospital de Donostia (San Sebastián), y además es profesora asociada clínica de la Universidad Pública del País Vasco. “Cuando nació Udane vimos que era necesario que hiciera un parón, así que estuve de excedencia 1 año, porque el entorno familiar requería una atención más continuada, la lactancia materna… y no vi viable compaginarlo todo. Ahora la menor tiene 3 años es otro tipo de necesidad, y contando con la ayuda familiar y con la reducción de un tercio de las jornadas puedo compaginarlo todo”. Por suerte, en su servicio tienen mucha experiencia con madres como Edurne, de los casi 60 enfermeros que trabajan en la unidad, entre el 20 y el 30% tiene reducción de jornada.

Aun así necesita mucho el apoyo de su familia. Imanol, su marido, al ser autónomo prácticamente no tiene horario, aunque sí está disponible los fines de semana. El resto del tiempo, por suerte, cuenta con la ayuda de sus padres, que se hacen cargo de los tres nietos siempre que es necesario. Con la ventaja añadida de que viven en su misma localidad, en Lezo, a 9 kilómetros de San Sebastián.

Tal y como destaca Edurne, “en este trabajo vamos un poco a contracorriente de los acontecimientos que pueda haber, además el trabajo a turnos supone un añadido a la organización que se requiere para tenerlo todo a punto, preparar cosas la víspera, comidas, las extraescolares… Tienes que estar todo el día agenda en mano, con cuadros que te puedas hacer para dar indicaciones a la abuela, etc, y a la vez compaginarlo con tu trabajo y que la situación no te desborde”. A su juicio, sobre todo “cuando son tan pequeños, los niños necesitan mucho de los padres donde, pese a que las generaciones van cambiando, la madre sigue teniendo un rol muy importante en la organización de todo”.

Entusiasta de la profesión 

 “Tenemos que ser también
enfermeras activas”

Apasionada de la familia, su verdadero pilar, también es una entusiasta de la profesión, de la que se siente muy orgullosa. De hecho, tutoriza a los alumnos en prácticas como profesora asociada clínica, participa activamente en cursos, comunicaciones y congresos. “Si tengo que preparar alguna cosa, alguna tutoría o comunicación lo hago por las noches. Le dedico ese tiempo porque por el día es prácticamente imposible. Tengo que estar ahí, con los niños. Por las noches funciono bien y puedo dedicarle ese tiempo a la actividad profesional”.

“Tenemos que ser enfermeras activas, en la medida de nuestras posibilidades. Teniendo en cuenta las cargas familiares que pueda tener cada una, debemos ir aportando todo lo que podamos para el desarrollo de la enfermería como profesión”. Así, anima “a cada enfermera a  que desde su centro de salud, su planta, quirófano, urgencias generales… a que busque nuevos escenarios donde la enfermería tenga mayores cotas de autonomía, porque tenemos que adaptarnos a las nuevas demandas que existen en la sociedad”.

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