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Entrevista: “Con el ébola, un error puede ser mortal”

Luis Encinas Luis Encinas

Aunque nació en Villaviciosa, en Asturias y vive en Barcelona, el enfermero Luis Encinas creció acostumbrado a cambiar de residencia. Estudio Enfermería en Bélgica y ya tenía claro que quería desarrollar su profesión en otro mundo. Enseguida miró hacia Médicos Sin Fronteras, referencia en el mundo francófono, pero podría haber sido otra ONG. Especializado en Urgencias y Emergencias, cursó estudios de Medicina Tropical y antes de acabar esa formación ya salió rumbo a su primera misión. Ahora es responsable de Operaciones de Médicos Sin Fronteras para Zimbabue, Mali, Guinea y Níger. En los últimos meses ha sido la referencia internacional a la hora de afrontar el brote de ébola que se ha producido en Guinea Conakry, cerca de la frontera de Liberia y Sierra Leona. 

- ¿Cómo fue su primera experiencia como enfermeros en Médicos Sin Fronteras?

Fue hace 20 años, en principio me iban a destinar a Ruanda, pero las cosas estaban complicadas y acabaron mandándome a Liberia, un país que por aquel entonces estaba inmerso en una larga guerra civil que acabó con la vida de 200.000 personas. Pocos meses después, acabó produciéndose el terrible genocidio que todos conocemos en Ruanda, así que acabaron mandándome a Goma, en Zaire (hoy República Democrática del Congo), para atender a los supervivientes de aquellas matanzas. Los relatos de horror que escuchábamos en aquellos campos de refugiados eran terribles. 

Con los años, ¿uno se insensibiliza? ¿Le sale “callo” con las sucesivas misiones? Porque ha recorrido muchos países...

Luego llegó un huracán en Haití, otro genocidio en Camboya, Rusia, Afganistán, pero uno no se acostumbra nunca. Crees que tienes una piel de tortuga, pero siempre impacta y te ves afectado. Cuando la gente te dice "qué valor de trabajar en eso, con esta gente", yo les digo que tiene tanto valor trabajar en el tercer mundo como trabajar con los sin techo en un barrio de Madrid.

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- Cuando pensamos en el ébola, su virulencia y su letalidad, vienen a la mente las imágenes de la película “Estallido”. ¿Tan devastadora para el organismo es esta infección? ¿Cómo se enfrenta a ella?

Sabes que vas a una zona donde se ha producido un brote y sabes a lo que te vas a enfrentar. Me sentiría más vulnerable si te informan de que en un lugar donde estuviste hace 15 días era una zona con ébola y has estado tocando pacientes. Cada epidemia es diferente y lo más importante es llegar y tomar una buena fotografía mental de la situación. Hay que ir con un equipamiento mínimo a los hospitales, a los sitios donde hubo entierros y comenzar a investigar, confirmar que hubo un caso, quién vio al infectado, quién le cuidó, dónde fue enterrado y por quién… Así reconstruyes los hechos y puedes empezar a aislar a la población en peligro. También a los agentes de salud, que son la población más vulnerable, los enfermeros y los médicos, así como a aquellos que se ocupan del cuerpo cuando ha fallecido. Hay que romper esta cadena y que ningún médico, ningún enfermero, ningún responsable de las funerarias se enferme más.

- Una vez que tenemos a un infectado en aislamiento, ¿Qué cuidados hay que procurarle?

Son claves los cuidados básicos de la enfermería. Frente al ébola no hay tratamientos ni métodos invasivos, la mayoría de las acciones son cuidados a nivel enfermero, las 14 necesidades de Virginia Henderson… Se tratan de forma sintomática las cefaleas, las diarreas y otras enfermedades que acompañan al ébola y que si no son tratadas pueden ser mortales. Por ejemplo, si un paciente viene con malaria y o la tratas, podría sobrevivir al ébola y morir a causa de la malaria. Después está la dieta correspondiente, hidratación, cernimiento psicosocial, que también es importantísimo para el paciente.

- ¿Ha pasado miedo? ¿Cuál es la peor situación a la que se ha enfrentado?

El impacto viene derivado más que nada por las historias personales que te pueden conmover. Resulta inevitable que te saque de quicio el pensar “por qué a esta gente, por qué el mundo es tan injusto”. Un ejemplo lo he vivido recientemente en una visita a una zona de aislamiento. De los 12 pacientes ingresados, nueve eran enfermeros o médicos. Ellos no quieren que les expliques qué es ébola. Quieren saber cómo pasar las horas allí, cómo salir, quieren ir a ver el fútbol, ver gente, seguir trabajando... Y tú no puedes dejar de preguntarte: “En esta cama podría estar yo”. Te ves en un espejo. “Si cometo el más mínimo error podría ser mortal”, piensas. Te genera un estrés que, bien gestionado, puede ser positivo, pero también te puede robar mucha energía.

- ¿Hasta qué punto es consciente de que un error le puede costar la vida?

Te repites continuamente que estás en una zona de riesgo. Si te vistes mal, o no pasas por el cloro las manos con restos de sangre, estás poniendo en riesgo tu vida, la del equipo y la de la operación completa si tienen que evacuarte. Es como un tenista profesional en un campeonato, un error mínimos te manda para casa. Si te pinchas con una aguja de alguien VIH positivo puedes seguir un tratamiento preventivo, pero aquí no hay nada que hacer.

- El ébola “vende” mucho en la prensa, pero hay problemas de salud en África a los que no prestamos atención. ¿Es así?

La malaria mata un millón de personas en el mundo al año y tenemos suerte si se publica un breve en un diario. Magnificamos la amenaza del ébola porque, como europeos, nos sentimos vulnerables. Recuerdo cómo las azafatas del vuelo de Conakry a París estaban asustadas porque veníamos de esta zona.

- Regresa a España, ¿Cada cuánto tiempo rotan los equipos?

Cada tres semanas hay que relevarse. A 34 grados, con un 80 por ciento de humedad y con la protección es insoportable aguantar dentro más de 45 minutos. Eso, sumado al estrés, te consume mucho y el personal corre el riesgo de “quemarse”.

- ¿Qué hace Luis Encinas cuando no está combatiendo peligrosas infecciones?

Tengo pareja, pero no hijos y me gusta mucho practicar yoga y Tai Chi. Me interesa todo lo relacionado con la medicina alternativa, como la aromaterapia y acudo a talleres de poesía. Me encanta el mar y ver el vacío. 

 

David Ruipérez

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