¿En qué consiste esta tesis?
En el estudio que he realizado se analiza la soledad y el aislamiento social en las personas mayores de Extremadura y su relación con la calidad de vida, la generatividad y los estereotipos negativos hacia la vejez.
Para ello, se evaluó a 393 personas mayores mediante entrevistas presenciales y estructuradas y el uso de cuestionarios validados, midiendo su soledad, sus redes de apoyo, su participación en la comunidad, su capacidad funcional, su calidad de vida y lo que ellas mismas piensan y sienten sobre su propio envejecimiento.
El objetivo principal era conocer la magnitud del problema e identificar qué factores asociados aumentan el riesgo de soledad y cuáles actúan como protección, para poder orientar mejores programas de intervención desde el ámbito sanitario y comunitario
¿Qué conclusiones se han sacado?
Los resultados muestran que la soledad y el aislamiento social son muy frecuentes en las personas mayores de Extremadura y que su magnitud parece situarse por encima de lo que reflejan algunos estudios a nivel nacional. Aun así, es importante interpretar estos datos con cautela, porque se trata de un estudio transversal con una captación realizada en determinados recursos comunitarios, lo que puede influir en la estimación de la prevalencia.
Lo que sí se confirma de forma clara es que las relaciones sociales y el grado de integración en la comunidad son un factor clave: cuando las redes están deterioradas, el riesgo de soledad aumenta de manera muy notable. También observamos que la soledad se asocia a peor calidad de vida, especialmente en mujeres con comorbilidad que viven en entornos rurales, donde se combinan vulnerabilidades de salud, género y territorio.
Por otro lado, la generatividad, es decir, el deseo y la oportunidad de seguir aportando y sentirse útil, aparece como un factor protector infravalorado, mientras que los estereotipos negativos hacia la vejez favorecen la desconexión social y bloquean ese potencial.
La soledad en la vejez es un fenómeno complejo, muy ligado a la historia de vida y a la forma de vivir de cada persona; nuestros resultados muestran que puede abordarse mejor si se actúa de forma integral sobre varios factores a la vez, activando las redes sociales y comunitarias y reconociendo a las personas mayores como sujetos activos de su propia historia de vida y de la mejora de su bienestar.
¿Por qué es importante investigar en este ámbito?
Investigar la soledad y el aislamiento en la vejez es importante porque van mucho más allá de sentirse triste o acompañado: tienen un impacto directo en la salud y en la calidad de vida de las personas mayores y hoy se consideran un problema global y prioritario de salud pública, asociado a peor salud mental, mayor deterioro funcional, más utilización de recursos sanitarios y un claro deterioro del bienestar.
En una región como Extremadura, especialmente envejecida y dispersa geográficamente, es clave reforzar la arquitectura relacional de las personas mayores y comprender cómo influyen el territorio, la ruralidad y las desigualdades sociales en su bienestar relacional. Además, necesitamos diagnosticar y valorar mejor estas situaciones para identificar perfiles de riesgo y factores protectores, y así contar con evidencia que sirva de base a los programas y políticas extremeñas de prevención e intervención.
¿Por qué las enfermeras tienen que ser pieza clave en la investigación en estos temas?
Las enfermeras son una pieza clave en la prevención y detección de la soledad y el aislamiento porque tienen una posición privilegiada en los distintos niveles de atención, están muy cerca de las personas mayores y con frecuencia se convierten en su persona de referencia y confianza, lo que les permite identificar de forma precoz situaciones de soledad, aislamiento, fragilidad y falta de apoyo social.
La prevención que realiza la enfermera en este ámbito debe hacerse desde un enfoque integral y de atención centrada en la persona, poniendo en juego no solo sus competencias clínicas, sino también sus competencias sociales y comunitarias, que a menudo se dejan en un segundo plano a pesar de ser fundamentales.
Además, la enfermería puede desempeñar y ocupar un papel central liderando intervenciones de cribado, seguimiento y ‘prescripción social’, conectando a las personas mayores con recursos y actividades que refuercen su red social, su generatividad y su participación.
Es fundamental que la prevención y las intervenciones que realiza la enfermera se apoyen en la investigación y en la práctica basada en la evidencia, de manera que el registro sistemático de la valoración, los diagnósticos y los resultados obtenidos contribuya a generar conocimiento propio y a consolidar su papel como agente clave en la prevención y detección de la soledad y el aislamiento en las personas mayores.




