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Expertos advierten del riesgo de alteraciones y enfermedades cutáneas, como el cáncer de piel, asociados a fármacos habituales Destacado

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Madrid, 3 de febrero de 2022.- El paciente polimedicado es aquel que de forma crónica toma al menos cinco medicamentos. Aunque no es una situación exclusiva de la población mayor, este colectivo conforma el grueso de los pacientes polimedicados. El control de la diabetes, de la presión arterial, del colesterol… confluyen en muchas personas mayores, incrementándose así el riesgo de sufrir efectos secundarios que a menudo pueden también tener su impacto en la piel. En el mayor, además, este órgano es especialmente frágil por lo que la prevención de posibles lesiones y su manejo cuando ya han aparecido es fundamental.

Para hablar de este tema, el Consejo General de Enfermería, su Instituto Superior de Formación Sanitaria (ISFOS) y CeraVe han celebrado el webinar “Abordaje del cuidado de la piel en el paciente polimedicado”. Una jornada de formación gratuita dirigida a las enfermeras que se enmarca dentro de la campaña conjunta puesta en marcha hace ya casi un año bajo la denominación “En la piel de la enfermera”.

Como ha explicado Pilar Fernández, vicepresidenta I del Consejo General de Enfermería y directora de ISFOS: “En encuentros previos nos hemos centrado en cuestiones como el mantenimiento de la barrera cutánea, el cuidado de las pieles atópicas y la psoriasis, temas de gran trascendencia, tanto por su impacto en la calidad de vida de los pacientes como por el número personas a las que afecta. El tema elegido para hoy sigue esta línea pues nos centramos también en un amplio grupo de población, el de los pacientes polimedicados, y en cómo los fármacos que toman pueden tener un impacto en una piel a veces ya frágil”.

Plan de cuidados enfermero

Durante el encuentro, el enfermero Justo Rueda López, del CAP de Terrassa Nord de Barcelona, ha insistido en que el abordaje del paciente polimedicado desde enfermería debe ser un abordaje integral en el que se contemplen no sólo los fármacos que toma el paciente habitualmente y que han sido prescritos por un profesional en consulta sino también aquellos productos que pueda estar consumiendo paralelamente y por su cuenta, adquiridos, por ejemplo, en herbolarios. Todos ellos pueden de forma directa o indirecta tener un impacto en la piel y, como ha explicado, “es importante que detectemos aquellas pieles de riesgo, cuando hay sequedad, fragilidad, falta de elasticidad, tendencia a presentar lesiones o desgarros… es lo que conocemos comúnmente como ‘pieles de cebolla’ y esto es frecuente en la población mayor”.

Además, hay que contemplar todo el espectro de alteraciones que puede presentar el paciente. De esta forma, en un paciente mayor con incontinencia urinaria o fecal, la exposición de su piel a estas sustancias genera una irritación aún mayor. Lo mismo sucede con la exposición a jabones e incluso al sudor, ha añadido este enfermero que se ha referido al concepto de “dermatoporosis”: “son pieles más permeables, más expuestas a cualquier tipo de sustancia o producto potencialmente irritante”.

En población mayor se añade otro riesgo más, el de posibles caídas, que también hay que tener en cuenta desde la perspectiva de la piel.

En el caso de aquellas personas que padecen incontinencia y al mismo tiempo toman algún tratamiento inductor del sueño, puede suceder que la persona se despierte por la noche y su respuesta a los estímulos esté disminuida. Se incrementa entonces el riesgo de caídas y la exposición a irritantes, más allá de otras consecuencias potencialmente graves.

De otro lado, también hay que tener en cuenta el consumo de productos naturales que el paciente pueda estar realizando, ya que pueden suponer un riesgo por la falta de control de dosis por parte de un profesional sanitario, la regulación a nivel de comercialización que es diferente y la posibilidad de interacciones con fármacos. Como, por ejemplo, ocurre con la hoja de olivo o la hierba de San Juan.

Fármacos y piel

Por su parte, la dermatóloga María Elena de las Heras, del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, se ha referido a los principales tratamientos farmacológicos que suelen tomar los pacientes polimedicados, especialmente mayores, y en qué precauciones deben tenerse en cuanto al impacto que estos pueden tener en su piel.

En primer lugar, se ha referido a las tiazidas, utilizadas en el control de las cifras de presión arterial: “se ha confirmado que las tiazidas pueden aumentar el riesgo de cáncer cutáneo, por eso, es fundamental que el paciente sea muy estricto en cuanto al uso de fotoprotección y, si es posible, se cambie a otra medicación”.

Otro tratamiento habitual es el de las gliptinas, un antidiabético oral que puede producir pengifoide ampolloso, una enfermedad cutánea autoinmune crónica que provoca erupciones ampollosas pruriginosas generalizadas. Según ha explicado la dermatóloga, “un 25% de los casos de pengifoide ampolloso son por gliptinas y, lógicamente, hay que suspender la medicación”.

Para De las Heras, “enfermería es clave en todos estos casos, tanto para la educación del paciente en cuanto a la fotoprotección de aquellos que toman tiazidas o otros fármacos fotosensibles, como la azatioprina, como en la detección del pengifoide ampolloso”.

Reparación cutánea

Por último, Mercedes Abarquero Cerezo, farmacéutica responsable de Comunicación Científica de CeraVe, se ha referido a la prevención y a la reparación cutánea en estos pacientes: “para reducir la sequedad de la piel, evitar los efectos secundarios de los fármacos que cursan con alteración de la barrera cutánea y mejorar la calidad de vida, especialmente en el anciano, es importante utilizar tratamientos emolientes e hidratantes. Lo ideal es hacerlo desde el principio, cuando el paciente empieza su medicación.  Si no es así, cuando detectemos una alteración en la piel, debemos ya recurrir a productos reparadores y en el caso de que aparezcan lesiones importantes habría que pasar ya a los cicatrizantes u otro tipo de acciones terapéuticas”.

I Beca En la piel de la Enfermera

Durante el webinar se avanzó también que dentro de poco se dará a conocer el resultado de la convocatoria de la I Beca En la piel de la Enfermera, una iniciativa que, como ha explicado Pilar Fernández, “pretende potenciar el liderazgo enfermero mediante la financiación, con 6.000 euros, de un proyecto que tenga por objetivo la mejora de la calidad de vida los pacientes a través de la piel. Hemos recibido muchísimos trabajos y, sin duda, el jurado no lo ha tenido fácil. La semana que viene conoceremos el fallo de esta primera edición y animamos ya a las enfermeras a pensar en nuevos proyectos para la próxima convocatoria porque esta es una iniciativa que ha nacido con vocación de continuidad”.

De igual manera, Isabel Castillejo, directora de Relaciones Médicas de L’Oreal Cosmética Activa, ha destacado el compromiso de CeraVe para contribuir a “la mejora de la calidad de vida de las personas a través del cuidado de la piel, en especial, de la población mayor, donde las enfermeras juegan un papel muy importante en su cuidado.  Por ello, estamos muy orgullosos de haber puesto en marcha este proyecto en colaboración con el Consejo General de Enfermería; un proyecto que bajo el lema ‘En la piel de la enfermera’ engloba distintas acciones de formación como el webinar llevado a cabo hoy y, próximamente, el desarrollo de una infografía y un vídeo animado sobre los cuidados de la barrera cutánea en el paciente polimedicado. CeraVe, gracias a las ceramidas y a la asociación de la tecnología MVE, ha demostrado tener un impacto visible en los pacientes mayores con alteración de la barrera cutánea. Es un verdadero orgullo para CeraVe reforzar nuestro compromiso con los profesionales de la salud. Por ello, la Beca En la Piel de la Enfermera, desarrollada en colaboración con el Consejo General de Enfermería y el instituto ISFOS, es una muestra más de este compromiso con el colectivo de enfermería para ayudar al desarrollo de iniciativas enfermeras que tengan impacto en la sociedad.”

Contenido revisado en Enero de 2022.
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